Bajar en ascensor con gente por la mañana debería estar prohibido, todos lo deberíamos hacer solos, evitando situaciones constriñidoras recurrentes. Como se rompen los límites de la proxemia, lo más natural es bajar la cabeza, apagar la luz y darle al ventilador para procurar aislarse de los vecinos. Lo peor es cuando, por decir algo, se retoma el consabido comentario del frío o del calor, para así no parecer demasiado maleducado. Al abrirse las puertas se produce un alivio como de haber salido del baño después de un aprieto repentino.